CÓMPLICES EN EL ESCENARIO: EL ROMANCE DE ANDREA BOCELLI Y SU ESPOSA VERÓNICA BERTI REVIVIENDO UN CLÁSICO DEL SWING. Por Carlos Garcés.

CÓMPLICES EN EL ESCENARIO: EL ROMANCE DE ANDREA BOCELLI Y SU ESPOSA VERÓNICA BERTI REVIVIENDO UN CLÁSICO DEL SWING. Por Carlos Garcés.

​Hay días en los que la música nos regala imágenes que traspasan la pantalla y se clavan directas en el corazón. Me ocurrió hace poco al repasar un vídeo bellísimo que guardo con recelo: sobre el escenario del majestuoso Dolby Theatre de Los Ángeles, durante el aclamado concierto Cinema, el gran tenor italiano Andrea Bocelli nos regala un momento de intimidad absoluta junto a su esposa, Veronica Berti.

​Cualquier amante de la ópera conoce la majestuosidad de Bocelli, pero quienes miramos la música desde una sensibilidad más cercana al swing sabemos que el italiano guarda un rincón de su alma para los grandes clásicos. Esa noche, Andrea decidió sentarse junto al piano para interpretar una obra de arte imperecedera: "Cheek to Cheek" (Mejilla con mejilla).

​Al inicio del vídeo, vemos una escena entrañable. El hombre que acaricia las teclas y charla con Bocelli es nada menos que el legendario David Foster, uno de los productores y músicos más importantes de la historia contemporánea. Para un sinatrista, la presencia de Foster en este escenario es un guiño del destino: fue una figura crucial en los últimos años de carrera de Frank Sinatra, ejerciendo como productor clave en sus icónicos y revolucionarios álbumes Duets y Duets II.

​Es este gigante de la producción quien le pregunta a Bocelli por qué este tema es tan sumamente especial para él. Es ahí donde el tenor confiesa algo que desarma a cualquiera: siendo apenas un niño, se enamoró perdidamente de esta melodía y, en su fascinación infantil, decidió adaptarla y traducirla él mismo al italiano.

​Esta célebre canción, compuesta por Irving Berlin en 1935 para Fred Astaire, es parte de la banda sonora de nuestras vidas. Como apasionado de la música de la era dorada, es imposible no asociarla también a la elegancia de Frank Sinatra, quien la elevó a los altares del swing con su fraseo inconfundible. El respeto de Bocelli por la figura de Sinatra no es ningún secreto; de hecho, en los inicios de su carrera, Andrea se ganaba la vida tocando estos mismos estándares al piano en los locales nocturnos de Italia. Para él, interpretar este repertorio frente al mismísimo productor de los duetos de Sinatra es volver a la infancia y rendir homenaje a los grandes maestros.

​Lo que sigue a esa conversación es una joya absoluta de complicidad. La ceguera de Andrea Bocelli jamás ha sido una barrera para su arte, pero en esta actuación se convierte en el lienzo de una conexión espiritual asombrosa junto a la mujer que ama.

​Bocelli comienza la canción interpretando con una dulzura infinita esos versos que tradujo al italiano. De pronto, su esposa, Veronica Berti, entra en escena respondiendo en un perfecto inglés, creando un maravilloso diálogo bilingüe. Lo hermoso y genuino del momento es que, como ella misma recordó con timidez y simpatía al finalizar la canción, no es cantante profesional.

​Desde que cruzaron sus caminos en 2002, Veronica ha sido su luz, su mánager y su compañera de vida. Juntos han formado un hogar bendecido por su hija en común, Virginia, quien ha heredado la pasión por la música de sus padres. Pero esa noche en Los Ángeles, Veronica dejó a un lado los despachos y el rol de madre para regalarle su voz a Andrea, jugando y bailando a su alrededor de forma coqueta y libre bajo la atenta mirada y el piano de David Foster. En esa tarima, ella envuelve al tenor con su presencia, y la sonrisa de felicidad absoluta en el rostro de Bocelli demuestra que el amor y el ritmo no se ven con los ojos: se sienten en el alma.

​Desde mi perspectiva de sinatrista, suelo mirar con lupa las versiones de estos grandes tótems de la música. Sin embargo, lo que hacen Andrea y su esposa no es una simple imitación; es un homenaje sincero, íntimo y lleno de una calidez arrolladora. El hecho de que Verónica se entregue así, sin ser cantante, solo por la felicidad de compartir el escenario con Andrea, eleva la actuación a otra categoría.

​Bocelli agarra un clásico inmortalizado por "La Voz" y nos demuestra que la buena música es eterna y universal cuando se canta desde el corazón. Por eso, te invito a que dediques unos minutos a ver el vídeo que adjunto a este artículo, déjate llevar por la complicidad de este matrimonio y disfruta de este romance. Porque, al fin y al cabo, no hay mejor lugar en el mundo para estar que cantar de felicidad, mejilla con mejilla.

Carlos Garcés.
24 de junio de 2026.












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